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Mensaje  Angel el Jue Mayo 31, 2012 1:11 am

Acabo de despertar, todo parece que sobreviví. ¿A qué sobreviví? No lo recuerdo. De hecho, lo único que recuerdo es... Nada. Cierro los ojos tratando de recordar algo, cualquier cosa. Pero mi memoria esta en blanco. Entonces veo una luz dentro de mi memoria, es una luz brillante, cegadora. Gruño para mis adentros. Entonces lo recuerdo, me veo las manos y... Tengo manos de humano. No tengo esas manos llenas de pelo, veo mi piel, que raro es verme la piel. Me toco la cara instintivamente y no tengo cabello alguno en las mejillas, en ese momento deseo tener un espejo a la mano.

A todo esto. ¿Dónde estoy? Volteo a ver a mi alrededor y lo único que veo es neblina, y bosque. Parece estar anocheciendo. Pero a ciencia cierta no lo puedo asegurar, pues los árboles tapan el cielo. Me concentro, por lo menos aún tengo el buen oído que me caracterizaba. Escucho al viento susurrarme algo, pero no logro entenderlo, es como si hablara otro idioma. Estoy desnudo. Nunca me ha gustado mi desnudez, y ahora que no tengo ni siquiera el aspecto que tenía, menos quiero estarlo. Entonces recuerdo, recuerdo una nebulosa de oscuridad rodeándome, lo recuerdo tan claramente que parece que mi cuerpo reacciona ante ese recuerdo. Me veo los brazos, y veo que están cubiertos por ropa de costosa tela con un corte que no recuerdo haber llevado yo. Pero me gusta.

Mi instinto me dice que busque a alguien que me resuelva mis dudas, pero, ¿qué dudas exactamente? ¿Mi nombre? ¿Porqué parezco humano si era… Bestia? Era un lobo. Recuerdo hombres lobo, licántropos. Yo no era uno de ellos. Era más grande, más fuerte, era un lobo, era una bestia. Quisiera que me vieran vestido con un traje… ¿sastre? ¿Qué es eso? Me río casi incontrolablemente, no recuerdo qué es lo que es, pero lo llevo puesto, y lo más lamentable es que no puedo verlo puesto. ¿Qué me pasa? Además. ¿Para qué quiero ver personas? Ellas me temían. Espera. ¿Esperar? Sí, ahora soy como ellos. Ahora puedo estar bien con ellos, pueden conocerme. ¿Qué me van a conocer? Siempre fui uno de tres. Ahora soy solo yo.

Camino sin rumbo fijo, mi instinto me dice que vaya hacia donde voy. No sé porqué le hago caso a mi instinto, si ese mismo fue el que me trajo hasta este mundo desconocido. Entonces escucho. Son pasos ligeros, puede ser un animal, o un guerrero humano bien entrenado. Voy sigilosamente hasta donde los pasos llevan a ese pobre incauto y justo cuando iba a saltar hacia él. Veo a un niño. ¿Un niño? ¿En un bosque así? Definitivamente no estoy donde viví mi vida pasada.
Me acerco al niño y le hablo con la voz más pasiva que puedo.
- ¿Dónde estoy?

El niño no parece haber entendido nada de lo que le dije. Se me queda viendo. Tal vez para los demás sigo desnudo y el traje lo veo solo yo. No, descarto esa idea porque si fuera cierta el niño hubiera corrido al verme. Me siento algo frustrado, tengo a alguien qe no huye de mí, y no sé cómo comunicarme con él. Espera, me rio hacia mis adentros, estoy seguro que sonreí, pues el niño me sonrió. Ahora recuerdo, tocándole la frente puedo aprender su idioma. Creo. Toco su frente, al principio siento algo de resistencia por parte del niño, yo me tengo que hincar para tocarle la frente, pero llego a tocarle la frente con los dedos gordos y doblo mis manos casi al punto de retorcerse para tocarle también las sienes. Y entonces entiendo.

Angel

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Mensaje  Angel el Vie Jun 01, 2012 1:57 am

Escucho la voz del niño.
- ¿Esta bien señor?

No sé como responderle, le entiendo.

- Estoy de maravilla.

El niño se me queda viendo con curiosidad. Vuelve a hablarme, es curioso que alguien me dirija la palabra tantas veces.
- ¿Esta perdido? Puedo ayudarlo a salir del bosque. Conozco esta parte del bosque tan bien que puedo caminarlo de noche. Aunque no se lo recomiendo.

Un niño que anda en el bosque de noche. Ni siquiera sé que reacción debería tener.
- Me serías de mucha ayuda, si pudieras escoltarme hasta la ciudad más cercana.

El niño se me queda viendo con más curiosidad en sus ojos.
- Se nota que no es de por aquí, señor. Cerca del bosque no hay ninguna ciudad, de hecho cerca solo esta mi pueblo. –Después de caminar un rato volvió a hablar sin voltear a verme.- Muy pocos de los alrededores entran al bosque cuando esta por anochecer. Todos le temen.

Sonreí al escuchar sobre el temor de los pobres aldeanos que han de vivir por aquí. Pude ver como el niño comenzó a caminar hacia donde yo iba.
- Pero tu no le temes al bosque. ¿Por qué?

El niño volteó solo para sonreírme.
- Conozco el bosque y el bosque me conoce a mí.

Caminamos casi media hora por el bosque. A mi gusto parecía que estábamos dando vueltas, pero el niño parecía saber con seguridad por donde iba, por lo que no lo cuestioné. Volví a escuchar su voz.
- Me llamo Xarve, por cierto.

Le respondí casi por inercia.
- Yo soy… -Me tragué las palabras, no le voy a decir a un niño que soy la Bestia, no entendería porque me han llamado así desde hace años. Necesito un nombre normal. No, normal no. Necesito un nombre humano.- Me llamo Angel.

Apenas llegamos al pueblo y Xarve salió corriendo hacia mi izquierda. Solo se detuvo para gritarme que la taberna estaba casi al final de esa misma calle. Yo le sonreí como respuesta.
La caminata a la “taberna” no fue larga, pero si fue interesante. De hecho el pueblo es un pueblo sin chiste, pero la gente, esta gente nunca había visto un traje sastre. Todos se me quedaban viendo conforme iba pasando. Es una sensación que no extraño para nada.
Llego a la tan bien reconocida taberna, y no sé si reír o llorar. Es una casa de madera tan vieja como las demás, casi igual de descuidada y de hecho la única diferencia de las demás a la taberna es que hay un letrero con un tarro de cerveza pintado justo sobre la puerta. La fiesta debe de estar buena, pues escucho mucho barullo allá adentro. De hecho es molesto tanto ruido, no quiero, pero decido entrar.
Apenas cruzo la puerta y todo ese ruido enmudece. Noto que hay solamente unas cuantas mesas desocupadas de las 40 que debe de haber en todo el local, y la barra esta repleta. Todos me ven. Me armo de valor y avanzo. Primero un paso, luego un segundo. Me incomoda que todos me vean.
Veo que un hombre al cual le saco casi 30 centímetros se levanta y avanza hacia mí. Lo veo con total naturalidad. Escucho toser a un hombre a mi lado derecho, lo que hace que volteé hacia allá. Para cuando vuelvo a ver al hombre que venía hacia mí, ya esta a tan solo dos pasos de mí, observándome atentamente. Sonrío al verlo. Hablo suficientemente alto para que todos los presentes me escuchen, aunque en ese silencio espectral, es casi imposible que no me escuchen.
- Vengo en paz. –Sonrío al escucharme en mi mente. Que frase tan usada.

Escucho su voz, es ronca para tener ese tamaño.
- ¡Todos dicen lo mismo!

En cuanto escucho esa frase siento un golpe fuerte en mi espalda que hace que caiga. Al caer sobre mis rodillas y manos veo claramente las partes de una silla caer a mí alrededor. Me enfurezco lo suficiente como para levantarme y olvidarme del hombrecito, pero cuando me levanto no veo quien fue quien me golpeó por la espalda, en cambio si siento una navaja pegada a mi espalda. El hombrecillo.
- Creo que no significa lo mismo para nosotros la palabra “paz”. Hombrecito.

Me muerdo la lengua. Acabo de insultar a un hombrecito que tiene una navaja apuntándome al baso. Escucho otra vez la voz del hombrecito.
- Eres muy tonto para ser un ladrón.

Sonrío al escuchar la palabra ladrón. Nunca me habían llamado de esa manera, eso si lo recuerdo. Sigo escuchando al hombrecito.
- Habíamos sido avisados de que vendría una banda de ladrones, que han estado robando los pueblos por donde pasan, y asaltado a los viajeros por los caminos por los que pasan. Pero sinceramente creo que exageraron los rumores.

Gruño para mis adentros, pero hablo en voz alta para que todo aquél que esté en la taberna me escuchen.
- No soy ladrón. Nunca lo he sido. Y nunca lo seré. Ni siquiera soy de por aquí.

Escucho claramente el cuchicheo proveniente de toda la taberna, la mayoría de los comentarios fueron sobre mi ropa, algunos sobre mi altura y muy pocos sobre mi acento al hablar. En ese momento levanto los brazos, para que vean que mis intenciones son pasivas.
Pude ver como un hombre mayor vestido con pantalón de cuero, camisa blanca de una tela muy ligera y un chaleco de cuero negro, se levanta y camina hacia mí. Me observa de arriba abajo y luego habla hacia mí, pero suficientemente alto como para que todos en la taberna lo escuchen.
- No veo mentiras en ti, licántropo. Puedes quedarte aquí cuanto quieras, o irte. Si te quedas estarás siempre vigilado.

Siento como la navaja se separa de mi espalda. Me relajo un poco. Ni siquiera había sentido que estaba tenso. Entonces hablo con voz tranquila.
- Necesito un trabajo.

Angel

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Re: 40 años atrás.

Mensaje  Angel el Vie Jun 01, 2012 4:07 pm

En cuanto pregunté sobre el trabajo. Noté que todos los hombres se relajaron. Uno de ellos, me habló con una voz llena de curiosidad.
- ¿Qué clase de ropa llevas puesta?

Yo me extrañé por un momento. Pero entonces di por hecho de que esta era una nueva vida.
- Es una replica de un Dolce Gabanna.

Si, ellos no conocían un traje sastre. Me frustré por un momento, pero después me calmé, pues podía volver a iniciar desde cero.


Al principio el herrero, un hombre fuerte, pero de carácter amable me dio un trabajo como ayudante. Debo decir que no era tan malo, pero nunca pude llegar a ser bueno. En ese trabajo pude terminar cuatro dagas bien balanceadas, y una con símbolos que tuvieron como efecto que su filo no se acabara con el tiempo. Pero ese trabajo no era para mí, pues no podía mantenerme con mi vestimenta habitual. Por lo que mi último trabajo de herrería fue una placa circular de unos milímetros de espesor, le puse unos símbolos que me encontré en un libro de herrería mágica; esos símbolos tenían el efecto de que la sangre no se le pegara a la espada.
Cuando pude pagar una placa de metal, fui con el dueño de la taberna a pedir empleo como cocinero. La verdad es que no sabía si lo que planeaba hacer funcionaría. Pero recuerdo que sabía bien. Entonces comencé a hacer una mezcla de harina, leche y huevo; vatí esa mezcla hasta que quedó sin grumos, pero casi líquida, la vacié en el comal que había hecho en mi trabajo de herrería y recé a Luna para que los símbolos también funcionaran en la cocina. Cuando la mitad de la tortilla estuvo cocida, la volteé y le puse queso y unas fresas silvestres que había encontrado en el bosque. En cuanto lo probó el dueño, me contrató como jefe de cocina, claro que solo estaba yo en la cocina.
En mi tiempo libre iba a conocer el bosque con Xarve, a recoger fresas y moras, y algunas otras hiervas para mis postres y algunos otros platillos que comencé a cocinar después. No comía carne, y la verdad es que me daba demasiado asco cocinarla, por lo que contraté a un muchacho para que él cocinara la carne y cualquier cosa que lo tuviera.
Un granjero que vivía a menos de quince minutos caminando del pueblo me rentó uno de sus graneros.
Tomé a Xarve como mi alumno, de cocina y de filosofía. Le enseñé símbolos y le dije el secreto de éstos: tenerles fe. Le enseñé como fluye la energía. A controlar el calor y el frío. Tuvo una facilidad impresionante para comprender el flujo del agua.
Por las noches me dediqué a estudiar las estrellas, no las entendía, pero en algún momento la lógica me iba a llevar a comprenderlas.
Mis recuerdos sobre aquella luz comenzaron a regresar con más claridad. Aquella luz era una mujer, mi salvadora.

Tenía mucho tiempo libre, por lo que comencé a conocer a la gente y la gente comenzó a conocerme. Así pasé mi primer año en Irkalla.

Angel

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Re: 40 años atrás.

Mensaje  Angel el Vie Jun 01, 2012 7:12 pm

Una noche, estábamos Xarve y yo acostados en el techo del granero, viendo las estrellas. Xarve me habló, sin dejar de ver el cielo.
- ¿De donde vienes, también eras un maestro, o solo un cocinero?

Me reí al pensar en su pregunta. En un parpadeo recordé.
- No muchos conocen a su creador, sabes.

El niño se me quedó viendo, pero no dijo nada. Yo seguí hablando.
- Yo si los conocí. Uno era tan humano como tú. El otro era tan sabio. Pero ambos estaban llenos de ira. Un día, decidieron que era momento de quitarse esa carga emocional. Y ambos se separaron de toda aquella ira. Crearon a una bestia formada de ira. Cada célula de su cuerpo era ira. Yo los derroté a ambos por separado. Pero cuando se juntaron me dieron guerra. Cuando iba a acabar con el humano, mi otro creador me encadenó con una cadena de oscuridad de brazos y piernas, a una pared también de oscuridad. El humano al ver que la oscuridad solo me retenía, pero con el tiempo me volvería más fuerte con la constante lucha, me debilitó con luz. Así pasé mis primeros años, debilitado por la luz, y apresado por la oscuridad.

Cuando volteé a ver a Xarve, estaba llorando. Yo le sonreí.
- No te preocupes niño. Así no termina la historia.

Le revuelvo el cabello y sigo con mi historia.
- Mis creadores eran inmortales…

El niño habló por primera vez desde que inicié mi historia.
- Pero los inmortales buscan la muerte, ¿no?

Sonreí al saber que mi alumno si me ponía atención.
- Si. Esa es una regla básica. Y mis creadores no eran la excepción. Ellos buscaban la única manera en la que podían morir. Que era encontrar a una Luz que no los quemara. En cuanto la encontraron, pude ver porqué estaban tan desesperados por encontrarla, pues en cuanto ella me vio, me liberó de la luz que me debilitaba. Yo estaba loco de ira, pero ella se acercó a mí, y me cantó, no, más bien me tarareó una melodía. Toda mi ira se fue de mí. Desde entonces ella fue mi salvadora.

Xarve me vio. No era la primera vez que le contaba historias sobre mi vida anterior. Pero esta acababa de recordarla. Su voz estaba inundada de duda, ya casi no se le notaba el lalnto en su tono.
- ¿Ella es la luz que te trajo aquí?

Sonreí al pensar en ese recuerdo.
- Si, fue ella.

Xarve sonrió, y se secó las lagrimas que aún tenía en sus mejillas.
- Entonces debió ser muy buena, te trajo hasta nosotros.

No pude sonreír al pensar en que me había separado de ella, para parecer humano.

Apenas le iba a contestar a Xarve cuando vimos pasar por la granja muchos caballos, no los pude contar, pero por lo que sentí, eran cerca de 20 jinetes. Hicieron muy poco ruido al pasar. Sentí pesadez en mí.
- Xarve. Tenemos que ir al pueblo. Suceda lo que suceda, no entres en la pelea.

Xarve apenas iba bajando por la escalera, cuando vio que yo ya no estaba ahí.


En cuanto Xarve se volteó para encaminarse a la escalera, mi instinto me dijo que me tirara del techo. Ni siquiera dudé. En cuanto dejé de sentir el suelo bajo mis pies, mi capa se extendió como un par de alas negras, pude sentir mi cabello bailar al compás del viento. Hubiera dado algunas vueltas, solo por el gusto de sentir esa hermosa sensación, pero esos jinetes iban muy rápido, por lo que necesité utilizar el tiempo lo más sabiamente posible. Además de que conocía a Xarve, no se iba a quedar quieto mientras los demás peleaban. Nunca debí entrenarlo.

Me aseguré de llegar en un lote baldío, cerca de la taberna. Grave error, uno de los granjeros del sur me vio llegar. Estaba muy ebrio, pero verme caer del cielo, con unas alas negras, y mi armadura, bueno, no creo que sea fácil de olvidar, lo sé porque ese hombre cayó al suelo y salió corriendo del miedo. Hasta dejó una botella medio llena tirada a unos metros de mí. Después me preocuparía de eso. Ya podía escuchar los caballos acercarse. Cerré los ojos y me concentré en mi ropa. Si iba a pelear, pelearía con un traje, así no me tendrían que cambiar para sepultarme. Me reí de ese último pensamiento.

Iba a comenzar a gritar, cuando recibí un golpe en el hombro derecho. ¡Dios me dolió! Volteo a ver, y un jinete estaba dando vuelta aún sobre su caballo. Era rápido y silencioso. Comenzó a avanzar contra mí otra vez, pero ahora estaba consciente de su presencia. Apenas me iba a dar con ese garrote que llevaba, cuando sujeté su burda arma y lo lancé contra el suelo tan fuerte que quedó inconsciente al instante.

Entonces mi oído me hizo el favor de alertarme sobre los demás jinetes. Me lanzo a mi derecha, apenas esquivando el primer caballo, pero el segundo si alcanza a golpearme en las piernas, cuando aún estaba en el aire. Grito de dolor, lo que alerta a la gente del pueblo. Noto que mi pierna derecha está algo más dolorida que la izquierda, pero no está rota. Hago uso de toda mi concentración y cuento caballos. Veintitrés, más el que no tenía jinete.
Me levanto. Veo que se bajan de los caballos. Deben de estar locos. Entonces noto que algunos llevan armaduras de cuero tratado, algunos llevan ropa gruesa y solo uno lleva cota de maya.
Aquél que lleva cota de maya señala a su jinete caído, y uno de los que lleva solo ropa va y lo revisa. Yo hablo suficientemente fuerte para que me escuchen a 50 metros a la redonda.
- Esta vivo. Pero esto es un pueblo pequeño, y no hay cárcel donde quepan todos ustedes, así que alguno no va a quedar en ese mismo estado.

Todos gruñen de coraje ante mis palabras, nunca fuimos buenos para hablar, pero creo que las palabras adecuadas acudieron a mí en el momento preciso.

Angel

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Re: 40 años atrás.

Mensaje  Angel el Jue Jun 21, 2012 1:43 am

Cuatro de los que llevaban ropa pesada se avientan a los golpes contra mí. Yo esquivo los golpes con relativa facilidad. Este cuerpo no será el de un lobo gigante, pero se mueve muy bien en combate. En cuanto tengo la oportunidad golpeo a uno en la nuca, ni siquiera tengo que pensar mucho, el pobre ya pasó las puertas de plata de la muerte, sentí cuando su cabeza se separó de su cuello al romperse varias vértebras. Otro me lanza un golpe, con la adrenalina que traigo en mí lo veo tan lento. Le cubro el golpe y además sostengo su brazo y lo utilizo de escudo para que los otros dos lo golpeen. Ya que esta inconsciente lo dejo caer. Agarro del rostro a uno de los dos que quedan y le estrello la cabeza contra el piso. Puedo sentir como su cráneo se vuelve tan suave. Siento las pisadas del último que alcanza a golpearme la cabeza. Apenas me levanto y le doy un codazo en el rostro, que hace que dé una vuelta en el aire.

No siento que nadie más se aproxime a mí, por lo que me paro y veo desafiantemente a los 20 bandidos que quedan.

Veo a 18 hombres que desenvainan espadas o dagas. Comienzo a pensar en qué voy a hacer, cuatro personas desarmadas, son cosa simple, pero ni toda la adrenalina del mundo me va a hacer ganarle a tanta gente armada. En cuanto veo que el hombre con cota de maya me apunta con dos dedos, corro hacia el lado contrario. ¡Gracias Luna, no hay arqueros! Murmuro hacia mis adentros. Entro corriendo a un callejón, sé que por ahí no pueden pasar todos al mismo tiempo. Y cuando salgo del callejón me topo con una multitud de gente con antorchas y herramientas de arado.
Sé lo que sigue, y sé que no quiero ver esa carnicería, son demasiados campesinos para solo 18 bandidos. Sonrío al pensar en que no quiero ver la carnicería de los demás, pero si hice la mía. Comienzo a pensar en otras cosas que no me interesan lo suficiente como para ponerle atención, hasta que recuerdo que dejé a Xarve atrás, y no estaba con los pueblerinos.
La peor de las ideas pasa por mi mente, corro lo más rápido que puedo y justo cuando estoy dando vuelta, escucho a mi alumno golpear. Reconozco el sonido, pues tiene los puños aún pequeños, por lo que el golpe se escucha distinto al de los demás hombres del pueblo.
Volteo a verlo, y está peleando contra un bandido. Supongo que ese pobre se quedó rezagado y vio llegar al niño. No veo por ningún lado al bandido de cota de maya. Yo espero que este con los pueblerinos, de ahí él no saldría vivo si se llega a resistir a su arresto. Me quedo observando la pelea de mi alumno. Es realmente ágil. El pobre bandido no logra acertar un solo golpe, y cuando él desenfunda un cuchillo, Xarve desenfunda su daga. Apenas el bandido se acerca a mi alumno, él lo desarma sin dificultad y le apunta con su daga al cuello del bandido.
La aplaudo a mi alumno, para calmarlo un poco y decirle de forma no verbal que ya ha ganado la pelea. No quiero que lo mate, aún es muy joven para cargar con ese sentimiento.

Entonces lo escucho, no lo había sentido antes, pero mi oído me quedó mal esta vez. Puedo detener la daga con la palma de la mano derecha. Maldito dolor, siento como pasa desde mi mano hasta el hombro, haciendo que apenas pueda tener el control suficiente de mi cuerpo para con mi mano izquierda agarrar a aquél bandido silencioso y aventarlo contra una pared. Veo como cae al suelo aturdido, pero aún consciente. Saco la daga de mi mano y se la lanzo justo en el pecho.
El mundo se volvió borroso. Caigo de rodillas, y mi último recuerdo es del bandido que portaba cota de malla lanzándose con fuerza contra mí, en un golpe con su espada.

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El relato de un ebrio

Mensaje  Angel el Miér Jun 27, 2012 2:01 am

- Veo que el forastero cae apenas consciente, y aquél bandido blande su espada contra él, pero éste logra salvarse de aquél golpe mortal. Todo se torna oscuro, al principio pensé que la luna se había escondido, pero al voltear hacia el cielo, puedo ver aquél brillo blanco. Pero al bajar la mirada, ni siquiera hay un recuerdo del brillo lunar. El bandido parece no darse cuenta de que está peleando contra un ser, no creo que sea humano, que esquiva cada golpe que su espada da con tan solo ese silbido como resultado. Xarve esta observándolo todo con cuidado, pareciera que esta aprendiendo, pero no podría decirlo. Estuve a punto de pestañear, pero me contuve. Fueron pocos segundos de pelea. ¡Ahh! Si. Pude ver un brillo en sus ojos, era algo inhumano, aquél ser agarró del pescuezo al bandido, y lo apretó hasta que éste dejó de patalear. Al principio pensé que lo había matado, pero durante unos segundos después, pude ver como el cuerpo inconsciente se movía aún con vida. Entonces aquél ser salió corriendo, pero no como lo haría yo, bueno, al principio sí, pero después de correr unos metros, se lanzó, y corrió tal como un animal lo haría. ¡Lo puedo jurar sobre la tumba de mi abuela! Ese ser no es un hombre. ¡Y no quiero que me vuelva a cocinar esa deliciosa tentación que prepara!

Angel

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