[A] Lazein Azila

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[A] Lazein Azila

Mensaje  Lazein Azila el Mar Oct 04, 2011 11:54 pm

Nombre Completo: Lazein Azila

Raza: Humano

Edad: 18 años.

Inlinación Sexual: Heterosexual.

Profesión o a que se dedica: Viajero.

Descripción Fisica: Es un muchacho de piel blanca, un tanto bronceada por el vigoroso sol de las tierras donde viajó. Mide 1.76
metros de altua y tiene cabello corto y oscuro, de ojos cafe que crean la ilusión de cambiar según el clima. Sus ojos
siempre han sido objetivo de atención, en especial por las mujeres. Tiene un cuerpo entrenado, con musculos levemente
marcados, buscando el equilibrio entre fuerza, resistencia, y velocidad, y su tez apenas cuenta la historia de
imperceptibles y camufladas cicatrices.

Descripción Psicologica, Personalidad: Le gusta bromear y hacer chistes, por mas tontos o inoportunos que sean, y todo
el que lo conoce inmediatamente se lleva la impresión de ser un niño atrapado en el cuerpo de un hombre. Es hiperactivo,
muy vago, y constantemente tiene algo "gracioso" para decir, y algunos piensan que es un desesperado intento por llamar
la atención. Pero hay unos pocos que lo han visto con una penumbra en sus ojos, la sombra en su rostro, sin comedia ni
risas, y un dejo de oscuridad en lo café de su mirada. Descansen en paz aquellos.

Pasatiempos: Ensayar sus chistes.

Habilidades: Es un luchador nato, maestro de la espada y la arquería, las tecnicas de pies aprendidas en su aldea le
permiten moverse a una velocidad que muchos considerarían divina y es maestro de las Artes Bastardas. Si bien tiene un
talento natural para la magia, nunca le interesó mucho. Heredó de sus padres las runas Khaíl y Einweln, pudiendo usar la
Llama Azure y el Sueño Consciente.

Historia: Paisajes. Si alguien le preguntara a Lazein que era lo único que nunca escaseaba en su vida, respondería eso:
Paisajes. Ciertamente lo era. Sus padres eran viajeros como él, que iban de aldea en aldea, por las ciudades, ofreciendo
sus servicios a quien los necesitara, para lo que fuera. Trabajaban como pescadores, vendedores, recolectores, incluso
una vez llegaron a ser tiros al blanco con manzanas sobre su cabeza durante las ferias y carnavales. Jamás había reparado
en el peligro del oficio, y aún cuando llegó a la madurez, no lo hizo. Las risas y la alegría no faltaron en su vida, como los
parajes que apreciaba. No tenía un techo permanente, el mundo era su patio, su habitación, su cocina y su vida, y
verdaderamente, no había un niño mas feliz por donde pasara. Su madre le inculcó la moral, el respeto y a vivir según el
Codigo de los Seis Santos, ayudando al projimo. Le enseñó el camino de la espada y a disparar una flecha con la misma
habilidad con la que algunos escupen la flema de la gripe, a tensar la cuerda con delicadeza y sujetar el mango con
firmeza. Las Artes Bastardas las aprendió de ella, junto a las tecnicas de pie y las pocas magias que le interesó
aprender-más que interesó, aceptó es un termino más acertado, para escapar a los regaños de su progenitora-. Su padre
le enseñó los "mejores" chistes y bromas que conocía, lo educó con "tecnicas" para la vagancia, le mostró como cocinar,
pescar y sembrar. Y le dijo las palabras que lo acompañarían por siempre: "Nunca bajes la cabeza ante nadie. Ocupas el
mismo espacio en el mundo que un rey o un noble, y que jamás te digan lo contrario". Ya podía vislumbrar su futuro, y
aunque el pasado de su familia era un misterio, no le interesaba. "No te enfoqués en lo que hay atrás o perderás de vista
el frente". Su vida era perfecta. Lo era, hasta una mañana.
El alba de su cumpleaños numero 18 fue teñido de rojo escarlata, y esa fue la primera vez que vio al Hombre de la
Corona de Huesos. Estaba de pie, con una espada parecida a la de su padre, y su padre estaba frente a él, había
desenvainado y concentraba en la hoja energía para la primer Arte Bastarda: El Wolves Howling. Su madre lo había
despertado y le hablaba tan rapido que no entendía, pero sabía que algo malo iba a pasar. Su padre y el hombre libraron
la batalla más espectacular que había presenciado, cabeza a cabeza iban de un lado al otro, blandiendo las zweihander
con una destreza inhumana, y cuando chocaban, las inscripciones en las hojas brillaban y conversaban en una lengua
desconocida de sonidos agudos y extrañas vibraciones en el aire. Su padre iba a ganar, estaba seguro, pero cuando lo
vio caer al suelo y la sangre brotar de su vientre y su boca, el mundo que conocía empezó a desvanecerse. Su madre
blandió una espada y luchó contra el hombre, luchó con bravura y habilidad, como una verdadera maestra, en tanto las
lagrimas competían desde sus ojos hasta el cesped. Entonces su padre le pidió que se acercara y el lo hizo. Le pidió que
posara su mano sobre las inscripciones de la espada y lo hizo. "Zihendrir es tuya-Le dijo con esfuerzo y tristeza en su
voz-, lo decreto por la sangre en mis venas, la misma que corre por las tuyas y correrá por tus hijos y los suyos. Ahora
eres un Maestro Bastardo, y perdoname hijo, por tener que nombrarte con un titulo que solo traerá desgracias, pero
confío en que tú le pondrás fin a esto-Tosió sangre, sabía que se acercaba el final-. Hacía el norte vive una mujer llamada
Kyalia, en un templo más allá de la cordillera pasando la aldea de Krijos. Ve con ella y dile que eres el hijo de Lamair y
Cassandra, Maestro Bastardo y legitimo dueño de la Sexta Llave. Llevas a Khail y Einwelm. Ella sabrá lo que significa
Vete hijo, y recuerda que tu madre y yo no te abandonaremos. En el camino que recorrás sentirás siempre nuestro amor
y vigilia."
Su madre cayó, sin vida ya, y sus ojos se posaron en Lazein. Su mente no entendía nada, en su mente brotaba la
demencia y el insano deseo de destrozar al desconocido, destriparlo y arrancarle la cabeza, pero antes de que tuviera
tiempo siquiera de deslizar un dedo sobre la empuñadura, su padre pronunció unas palabras, levantó la mano y con su
ultimo esfuerzo lo teletransportó lo más lejos que pudo, en el naciente del Río Grisaceo. Se sorprendió, pero su instintó le
hizo mirar hacia arriba. Dos estrellas desaparecían, y a pesar de que eso era un acto natural por orden de la luz del sol,
supo que sus padres habían muerto. Lloró y gritó y envainó Zihendrir a su espalda. Desde entonces camina hacia el
norte, hacia la mujer que puede ayudarlo a entender el giro del destino y a dar muerte al Hombre de la Corona de
Huesos.

Otros rasgos: Odía las comidas dulces.

Objetos de valor: Zihendrir la Primogenita, la espada que heredó de su padre, es tan grande como él, y se dice que
cuando tiene un nuevo dueño, se ajusta magica e imperceptiblemente a su tamaño. Lleva insripciones en la enorme hoja
plateada, en un idioma indescifrable, que brillaron al chocar con la del Hombre de la Corona de Huesos. De su empuñadura, de cintas negras y metal plateado, pende un colmillo sujetado por una cadena. Le gusta hablar con la espada pensando que sus padres le escucharán.



Lazein Azila

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Fecha de inscripción : 03/10/2011
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